¿Es el COVID-19 tan malo como lo pintan? – Reyes Sansegundo
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¿Es el COVID-19 tan malo como lo pintan?

Sí, lo es. Y punto. Así podría terminar mi artículo de hoy. Pero bien sabéis que no es mi estilo. A punto de cumplirse la tercera semana de confinamiento, he tenido tiempo para reflexionar y ver que, justo en las situaciones más dramáticas, es cuando surgen las verdaderas oportunidades de cambiar algo para siempre. En el post de hoy quiero dejaros esas oportunidades que se nos han puesto al alcance de la mano y que, tal y como yo sueño, no deberíamos desaprovechar.

El coronavirus ha venido para quedarse…y no sabemos qué viene después

Quién nos iba a decir hace un mes que no íbamos a poder disfrutar de nuestras vacaciones de Semana Santa. Ni de poder salir a tomar una cerveza, ni de celebrar los cumpleaños todos juntos, ni de poder ir a la oficina, ni de poder dar “paseos de verdad” con nuestros peluditos.

A fecha de ahora mismo hemos superado el millón de infectados y los 55.000 muertos en todo el mundo por coronavirus. Prácticamente todo el globo tiene casos detectados de enfermos por COVID-19, y en España nos llevamos el segundo puesto detrás de Estados Unidos, con casi 118.000 positivos y 11.000 muertes. Y esto no ha hecho más que empezar, aunque nos parezca que llevamos años luchando contra esta pandemia.

Nos encontramos en un momento de total incertidumbre donde lo más importante por el momento es #quedarseencasa. Y no lo digo yo, sino que lo dicen científicos que en estas últimas semanas han intentado hacer una serie de predicciones de los impactos que tendrán las medidas de confinamiento, distanciamiento social, cierre de escuelas, etc. en un futuro cercano[1].

Además, me gustaría destacar que, tal y como se muestra en el informe realizado por BCG[2], España está dentro de los 5 países que han impuesto medidas más drásticas para frenar el coronavirus (Figura 1).

No sabemos ni cuándo ni exactamente cómo saldremos de ésta, seguramente sea poco a poco, levantado el estado de alarma cuando lo recomienden los expertos y, posteriormente, empezando a relacionarnos de otra forma. Porque yo tengo la sensación de que nada va a volver a ser como antes. Y de que si no somos capaces de aprender que no podíamos seguir con el ritmo de vida que llevábamos antes de la pandemia, creo que nos va a venir otra muy pronto.

Todos tenemos aún muy fresca la crisis de 2008 y albergamos cierto miedo a que esto sea igual o peor. Pero recordemos que esto no es una crisis económica, es una crisis de salud pública que ha afectado a todas las actividades de la sociedad y la economía. Pero la raíz es muy diferente y, aunque nunca llueve a gusto de todos, las medidas a nivel global y a nivel de España, como es mi caso ya que vivo en este país, están intentando que sean guiadas por la ciencia; cosa que a mi me deja tranquila. Es cierto que la otra variable básica en una crisis mundial, como puede ser la solidaridad, está brillando por su ausencia, pero de vez en cuando nos da algunos atisbos de esperanza.

En concreto en el caso de España, ya se están haciendo simulaciones de posibles escenarios económicos y de empleo en base a dos variables: grado de la crisis y del tiempo que estén en vigor las medidas derivadas del estado de alarma. En la siguiente tabla[3] se pueden ver cuatro escenarios calculados con datos del Instituto Nacional de Estadística, donde claramente y vistos los datos de esta semana en cuanto a desempleo y afiliación a la seguridad social, nos encontramos en el peor de los cuatro.

Tabla posibles escenarios tras el COVID-19

Pero yo quiero pensar que esto es un parón, es algo momentáneo que nos está afectando muchísimo a todos los niveles, profesionales y personales, pero de lo que espero estemos aprendiendo mucho. Yo desde luego lo estoy intentando y ya sea por mi don innato de darle mil vueltas a la cabeza o porque miro por la ventana y veo todo distinto, creo que es bueno que veamos the bright side of life como nos recomendaban los Monty Python…

La llamada de la naturaleza

La naturaleza está mejor sin nosotros y eso me pone muy pero que muy triste. Y lo peor de todo es que ha tenido que venir un microscópico coronavirus (virus de origen animal os recuerdo) a sacarnos de nuestro letargo. Porque señores, NOS ESTAMOS CARGANDO EL PLANETA. Así de claro. Y los científicos, los activistas y la gente con dos dedos de frente llevamos diciendo esto muchos años. Que sí, que se puede decir de muchas formas, pero los gobiernos y gran parte de la sociedad nos hemos pasado “por el forro” las recomendaciones de los que saben. Y siento ser tan directa en el lenguaje, pero para esta monstruosidad que estamos viviendo no hay eufemismos posibles. La ciencia está siempre con las constantes vitales al límite, las acciones dedicadas a la protección de la naturaleza son poco menos que anecdóticas y voluntarias y las grandes potencias incumplen el Protocolo de Kyoto y pasan de las recomendaciones de la COP25. ¡Pues toma coronavirus, que eso sí que no lo habéis visto venir!

Como ya os mencioné en mi última entrada en el blog de RSR Consultora de Estrategia, la ciencia se estaba movilizando para buscar respuestas rápidas a esta crisis global. Desde que publiqué ese artículo, muchas otras medidas se han puesto en marcha, sobre todo relacionadas con la ampliación de plazos para poder presentar solicitudes de proyectos de investigación dedicados a la lucha del COVI-19 y algunos fondos extras con este objetivo. Pero claro está que una acción concreta “a la desesperada” no nos salvará de la próxima pandemia o similar.

Además este pequeño virus está aireando los trapos sucios del planeta. Le está sacando los colores a los dirigentes mundiales de una manera muy visible: a través del paradigma de compensación de la naturaleza (nature trade-off paradigm).

En una entrevista a Pushpam Kumar, jefe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente[4], él define este paradigma como un “análisis de compensación que considera tanto los impactos positivos como los negativos de las intervenciones humanas en la naturaleza y observa las formas en que una situación cambia cuando hay más de una cosa y menos de otra”.

Los esfuerzos por contener el virus restringiendo su movimiento han tenido un notable impacto ambiental.  Según el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China, los datos registrados entre enero y marzo de 2020 reflejan un aumento del 84,5% de los días con buena calidad del aire en 337 ciudades, y los datos de los satélites de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos muestran una disminución del dióxido de nitrógeno en China.

El estallido de epidemias como la del COVID-19 revela los principios fundamentales de la compensación a la que nos enfrentamos constantemente: los humanos tienen necesidades ilimitadas, pero el planeta tiene una capacidad limitada para satisfacerlas. El COVID-19 es un virus que se ha atribuido a interferencias humanas como la deforestación, la invasión de hábitats animales y la pérdida de biodiversidad, y que ya está causando decenas de miles de muertes a nivel mundial.

Ya hay estudios que indican que los niveles de contaminantes en el aire y de gases de efecto invernadero en ciudades y regiones han disminuido notablemente mientras el coronavirus va impactando en la forma de trabajo y en los viajes. Si bien es probable que las personas que trabajan desde sus casas aumenten el uso de la calefacción y la electricidad en el hogar, la reducción de los desplazamientos al trabajo y la ralentización general de las economías probablemente repercutirá en las emisiones totales.

Lo que probablemente marque una diferencia importante en la escala de las emisiones de carbono y la contaminación atmosférica es la forma en que los gobiernos decidan volver a estimular sus economías una vez que la pandemia disminuya.

En el período 2008-09, tras el colapso financiero mundial, las emisiones de carbono se dispararon en un 5% como resultado del gasto de estímulo que impulsó el uso de combustibles fósiles. En los próximos meses, los gobiernos tendrán la oportunidad de alterar ese resultado. Podrían insistir, por ejemplo, en que cualquier rescate de las aerolíneas estaría vinculado a reducciones mucho más estrictas de las emisiones de la aviación.

Sin embargo, algunos sostienen que, si la pandemia se prolonga durante mucho tiempo, lo más probable es que cualquier estímulo se centre en la promoción de cualquier crecimiento económico, independientemente del impacto en el medio ambiente.

En la Unión Europea, los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA) confirman grandes disminuciones en las concentraciones de contaminantes atmosféricos – de las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2) en particular – debido en gran parte a la reducción del tráfico y otras actividades, especialmente en las grandes ciudades sometidas a medidas de cierre. Se han observado reducciones de alrededor de la mitad en algunos lugares. Los datos de la EEA se miden cada hora, sobre el terreno, en unas 3.000 estaciones de vigilancia en todos los países europeos.

En palabras del Director Ejecutivo de la EEA, Hans Bruyninckx, “los datos de la EEA muestran una imagen precisa de la caída de la contaminación del aire, especialmente debido a la reducción del tráfico en las ciudades. Sin embargo, abordar la calidad del aire a largo plazo se trata de un problema que requiere políticas ambiciosas e inversiones con visión de futuro. Como tal, la crisis actual y sus múltiples impactos en nuestra sociedad se oponen a lo que estamos tratando de lograr, que es una transición justa y bien administrada hacia una sociedad resistente y sostenible”.

Solamente en Madrid, los niveles medios de NO bajaron un 56% de una semana a otra (datos de la semana del 16 al 22 de marzo de 2020). Comparado con la misma semana en 2019, la reducción fue del 41%.

¿Cómo podemos anticiparnos a situaciones similares y qué saco yo en positivo de todo esto?

Qué mejor que ir terminando este artículo con las recomendaciones de de Pushpam Kumar: “Una fuerte colaboración de la ciencia -incluyendo la economía, las ciencias naturales, la zoología y la ecología- debería identificar, evaluar y cuantificar las pérdidas y ganancias de las partes interesadas en el presente y el futuro. Dada la variedad e intensidad con que la naturaleza y los seres humanos se impactan mutuamente, esto es fundamental para fundamentar decisiones que pueden producir resultados conflictivos, cuando, por ejemplo, los posibles resultados son tanto positivos como negativos”.

Desde mi humilde perspectiva, donde no todos los días son buenos ni por asomo, estoy viviendo este periodo de confinamiento de una manera bastante tranquila y realista (para lo que suelo ser yo). A continuación, os pongo algunas ideas de lo que a mi me está sacando sonrisas prácticamente a diario:

  • No coger el transporte público. Aunque es un momento en el que siempre aprovecho para leer, seamos honestos, es un rollo tener que ir a la oficina. Yo sigo manteniendo mi rutina mañanera en la que desayuno tranquilamente, me arreglo (no solo me quito el pijama, sino que también me maquillo) y me siento a trabajar sin haber invertido un minuto en transporte. ¡Maravilla!
  • Como en casa todos los días. Eso, para los que llevamos comiendo de “taper” desde nuestra más tierna infancia en los pasillos de Biológicas en la Complu, es un sueño señores. El levantarte y ponerte en tu platito la comida del día no tiene precio.
  • Estoy con mi familia always. Yo soy una chica “de puertas para fuera”. Eso quiere decir que en casa paso poco rato y que, a priori, me tendría que estar subiendo por las paredes con esto de no tener vida social ni deportiva “outside”. Pues, he aquí mi sorpresa, que no lo estoy echando de menos. Sigo teniendo mi rutina por lo que las semanas laborables son muy similares a las que tenía AC (Antes del Covid). Y además estoy con mi perrita Gala y con mi Deiv todo el día. Y estamos los tres muy a gusto.
  • El teletrabajo. Me encuentro entre las afortunadas y afortunados que puedo teletrabajar. Y esto es muy positivo porque, en una Fundación de carácter público como  en la que trabajo yo, el tema de trabajar desde casa no estaba nada instaurado. Porque ya se sabe, es mucho mejor calentar la silla 8 horas que sacar resultados en 6…¡y que encima no te haya visto nadie! Bromas a parte, creo que el haber implementado el teletrabajo en el sector público en tiempo récord va a ayudar a que esta cultura se implante y pueda utilizarse como medida para flexibilizar la conciliación personal y laboral.
  • La persona que toca la vuvuzela todos los días a las 20.00 horas mientras aplaudimos.
  • Estoy haciendo más deporte que en mi vida. Si bien es cierto que lo peor que estoy llevando del encerramiento es no poder jugar al pádel, lo estoy supliendo con el mejor de los deportes. Mi hermano y mi cuñada, ambos profesionales del deporte, han arrancado de forma totalmente altruista el grupo de “Entrenamiento en Casa”, donde hacemos entrenamientos de fuerza, de pilates, nutrición, psicología, todo sin movernos de casa. Yo estoy apuntada al grupo de “Deporte-Salud”, pero hay otro especialmente dirigido a corredores. Y con la seguridad de que lo que estamos haciendo está diseñado por profesionales especializados, lo cual es toda una ventaja. Y bueno, también me meto mis bailes de hip-hop y zumba ?

  • Me he inventado el hashtag en Instagram de #coronafashionweek donde cuelgo mis modelitos para ir a trabajar a mi habitación. Y me motiva mucho.
  • He vuelto a escribir en mi diario y a escuchar más podcast sobre psicología para mantener la cabeza igual de loca que antes del coronavirus, y no peor.
  • Estoy viendo muchas pelis gracias a mi Yisus, que es experto en cine y me recomienda muy bien.
  • Sigo con mi ritmo de lectura, eso es algo que me acompaña siempre, y el poder hacerlo en la silla de la piscina en mi microterraza, con el solecito en la cara, es gloria amigos.
  • Y he implementado las ciber-cañas, moda que no pienso dejar que pase, porque es fantástico, ¡no hay excusa para no verse!
  • Se oye a los pájaros cantar…¡y nada más!

Como veis, hasta en las peores situaciones hay cosas maravillosas. Espero que vosotros también hagáis el esfuerzo de ser positivos y de pensar que tenemos una gran oportunidad por delante de ser mejores, de cambiar lo que antes creíamos imposible, y de hacer de este momento histórico un verdadero punto de inflexión.

¡Nos vemos en la próxima!


[1] Flaxman et al. 2020. Estimating the number of infections and the impact of non-pharmaceutical interventions on COVID-19 in 11 European countries. Imperial College COVID-19 Response Team. 30 March 2020.

[2] Covid-19 Overview. Bostn Consulting Group. 31 March 2020.

[3] https://www.expansion.com/economia/2020/03/17/5e6fec20468aebcf478b4574.html

[4] https://www.unenvironment.org/news-and-stories/story/covid-19-and-nature-trade-paradigm

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